Todos tenemos algunas cosas que no podemos perdonar.
Y tenemos también características personales que no nos perdonan, que no agradan al resto.
En mi caso, y puntualmente, no tolero ni acepto dos cosas: la mentira y la infidelidad, que parecen lo mismo, pero no lo son.
La mentira, todas, tienen patas cortas, como me decia mi abuela.
No son mas que una excuza para ocultar una debilidad, una forma de huir a la realidad, de negarla y de rehuir a la responsabilidad de la asumir la verdad.
Un mentiroso puede decidir que no va a mentir. Desconcertar a la víctima es un hecho deliberado; el mentiroso tiene el propósito de tenerla mal informada.
La mentira puede o no estar justificada en opinión del que la dice o de la comunidad a la que pertenece.
El mentiroso puede ser una buena o una mala persona, puede contar con la simpatía de todos o resultar antipático y desagradable a todos. Pero lo importante es que la persona que miente está en condiciones de elegir entre mentir y decir la verdad, y conoce la diferencia.
Los mentirosos patológicos, que saben que están faltando a la verdad pero no pueden controlar su conducta, no cumplen con mis requisitos. Tampoco aquellos individuos que ni siquiera saben que están mintiendo, de los que a menudo se dice que son víctimas del autoengaño. Un mentiroso puede llegar a creer en su propia mentira con el correr del tiempo; en tal caso, dejaría de ser un mentiroso, y sería mucho más difícil detectar sus faltas a la verdad, o distinguirla una de la otra.
Existen dos formas fundamentales de mentir: ocultar y falsear.
El mentiroso que oculta, retiene cierta información sin decir en realidad nada que falte a la verdad. Aqui entrarian las mentiritas piadosas...
El que falsea da un paso adicional: no sólo retiene información verdadera, sino que presenta información falsa como si fuera cierta.
La gente mentiría menos si supusiese que existe un signo seguro del mentir, pero no existe. No hay ningún signo del engaño en sí, ningún ademán o gesto, expresión facial o torsión muscular que en y por sí mismo signifique que la persona está mintiendo. Sólo hay indicios de que su preparación para mentir ha sido deficiente, así como indicios de que ciertas emociones no se corresponden con el curso general de lo que dice. Estos son las autodelaciones y las pistas sobre el embuste. El cazador de mentiras debe aprender a ver de qué modo queda registrada una emoción en el habla, el cuerpo y el rostro humanos, qué huellas pueden dejar a pesar de las tentativas del mentiroso por ocultar sus sentimientos, y qué es lo que hace que uno se forme falsas impresiones emocionales. Descubrir el engaño exige asimismo comprender de qué modo estas conductas pueden revelar que el mentiroso va armando su estrategia a medida que avanza.
Detectar mentiras no es simple.
Uno de los problemas es el cúmulo de información; hay demasiadas cosas que tener en cuenta a la vez, demasiadas fuentes de información: palabras, pausas, sonido de la voz, expresiones, movimientos de la cabeza, ademanes, posturas, la respiración, el rubor o el empalidecimiento, el sudor, etc. Y todas estas fuentes pueden transmitir la información en forma simultánea o superpuesta, rivalizando así por la atención del cazador de mentiras. Por fortuna, éste no necesita escrutar con igual cuidado todo lo que puede ver y oír. No toda fuente de información en el curso de un diálogo es confiable; algunas autodelatan mucho más que otras.
Lo curioso es que la mayoría de la gente presta mayor atención a las fuentes menos fidedignas (las palabras y las expresiones faciales), y por ende se ve fácilmente desorientada.
Las palabras pueden ensayarse una y otra vez antes de decirlas. Además, el hablante tiene con respecto a ellas una realimentación permanente, pues oye lo que él mismo dice y puede por ende ir afinando su mensaje. La realimentación recibida por los canales del rostro, la voz y el cuerpo es mucho menos precisa.
Después de las palabras, lo que más atrae la atención de los otros es el rostro. Suelen hacerse comentarios de este tipo sobre el aspecto que presenta el rostro de alguien: “¡Pon otra cara! ¡Con esa mirada asustas!” “¿Por qué no sonríes al decir eso?” “¡No me mires de esa manera, insolente!” Si el rostro humano recibe tanta atención, ello se debe en parte a que es la marca y el símbolo del ser personal, nuestra principal señal para distinguir a un individuo de otro. Los rostros son iconos a los que se rinde homenaje en retratos colgados de las paredes, apoyados sobre la mesilla de noche o el escritorio y portados en carteras y maletas)
La gente les presta atención también por otros motivos: la cara es la sede primordial del despliegue de las emociones. Junto con la voz, puede decirle al que escucha cuáles son los sentimientos del que habla acerca de lo que dice... pero no siempre se lo dice con exactitud, ya que el rostro puede mentir sobre los sentimientos. Si hay dificultad para escuchar al hablante, uno se ayuda observando sus labios para figurarse lo que está enunciando. Por otro lado, el rostro ofrece una importante señal para saber si la conversación puede seguir adelante: todo hablante espera que su oyente lo escuche realmente, y por eso lo mira permanentemente, aunque esta señal no es muy confiable: oyentes corteses pero aburridos seguirán mirando fijamente mientras su mente vaga por otro lado. Los oyentes suelen alentar al hablante con movimientos de cabeza e interjecciones del tipo “¡ajá!... pero también esto puede fingirse.
Por lo común, los mentirosos vigilan y procuran controlar sus palabras y su semblante más que su voz y el resto del cuerpo, pues saben que los demás centrarán su interés en los primeros. Y en ese control, tendrán más éxito con las palabras que con el semblante: es más sencillo falsear las palabras que la expresión facial, precisamente porque, como dijimos antes, las palabras pueden ensayarse mejor. También es más fácil en este caso el ocultamiento, la censura de todo lo que pudiera delatar la mentira.
Es fácil saber lo que uno mismo está diciendo, mucho más difícil saber lo que el propio rostro muestra.
La precisa y neta realimentación que brinda oír las propias palabras sólo podría tener un paralelo en pronunciarlas con un espejo permanentemente delante, que pusiera de manifiesto cada expresión facial. Si bien existen sensaciones del rostro que podrían proporcionar alguna información acerca de los músculos que se mueven o se tensionan, muy pocos se dan cuenta de las expresiones que surgen en sus rostros, salvo cuando éstas se vuelven extremas.
Ahora bien, la infidelidad es una acción provocada por inmadurez, falta de respeto a la pareja, falta de conocimiento de uno mismo.
Ciertamente hay ceguera, pero no de la forma en que uno lo dice o interpreta, sino de ambas partes, de quien lo hace por no saber que quiere en la vida y de quien la sufre, por no aceptar que quien es infiel una vez, seguramente lo será siempre.
No digo que no es parte de la naturaleza humana, es una decisión de cada uno para ejercerla sin pensar en las consecuencias de este acto.
Si quieres probar, hazlo, pero no dañando a terceros, y si se considera que hay que practicarla para mejorar las relaciones de pareja, eso es para mi una estupidez. No hay fundamento.
Si no se puede ser fiel a una persona, ¿para que comprometerse? mejor brincar de cama en cama sin las ataduras y el compromiso que una relación debe tener. Las relaciones son de 2, no se vale engañar y jugar con los sentimientos de otro.
Ademas, es algo estúpido ser infiel a tu pareja, por qué digo esto? porque cuando pasa, la magia y la confianza se rompe en la relación, y aunque ambas partes lo quieran, no volverá a ser lo mismo porque cualquier cosa nueva o imprevista sera foco de sospechas o duda para un buen y gruezo rollo de pelicula mental, y en esto muchas mujeres son excelentes..
El viejo dicho: nunca hagas a otra persona lo que nunca te gustaría que te hicieran a tí, con el tiempo Dios o la vida se encarga de devolverte lo que has hecho sea bueno o malo, no esta dicho porque si, esta dicho porque a fin de cuentas, asi lo es.
Piensate un instante y descubriras que tus macanolas, bien o mal, tarde o temprano siempre se te han regresado, y asume el riesgo de evitarlas, un pequeño riesgo para probar la dulzura de la verdad...
Y para los que digan que se aburren con la verdad, o con una relacion larga, nadie los esta condenando a ser siempre iguales y rutinarios, hay mil formas de experimentar la verdad de forma placentera y el dia a dia de una nueva manera...
El como es asunto de ustedes, pero les aseguro esto, una vez que empezaron, se sienten mas livianos y tranquilos... y lo piensan dos veces para la proxima.
Saludos gente, y no lo olviden: la mentira duele; la infidelidad, más.

mmmm, que dificil, antes pensaba igual que vos con respecto a la infidelidad, se que tenes mucha razon en lo que decis, pero me parece q es un tema muy delicado, creo q hay q estar en la situacion, no te olvides que cada pareja es un mundo, y que nadie sabe lo q pasa ahi adentro, en la teoria esta barbaro opinar sobre la infidelidad, pero me parece tambien que todo es hasta que te pasa.... una vez q te pasa algo parecido, dejas de opinar igual. Ojo con esto no estoy diciendo q esta bien, se q esta muy mal hacerlo, pero uno no sabe lo q es hasta q no lo vive.
ResponderEliminarY si lo digo por experiencia propia, pero como dice el dicho, no hay q escupir para arriba, porq no vaya a hacer un dia q el escupitajo te caiga en el ojo.
No pienses que lo digo porque no lo se, al contrario... digo porque quizas lo se y me arrepiento. Entonces, como no me gusto, no quiero que otros se arrepientan, vale? jeje, y fue hace años, quedate tranqui... besots!
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