Lunes: paradigma de la depresión, de la desesperación... tristeza... pantano de melancolía de lo que fué el fin de semana y lo que queda por llegar al próximo...
Martes: símbolo de la monotomía por excelencia, evidencia de lo efímero de lo placentero... terrible por la continuidad que arrastra del lunes: esa segudilla en cadena, en la inútil cadena en que el martes es siempre el más macabro, es el puente nefasto que me conduce de la desesperación al engaño, en su vacía extensión, sin otro objeto en el mundo que conducirme al miércoles...
Miercoles: bisagra de la esperanza... atisbo de luz tenue... brisa cálida...
Jueves: preludio de la alegría... cosquillas en la cabeza y en la panza...
Viernes: éxtasis de liberación por tomar... planificación infundada y seguramente también merengada...
Sábado: festejo rotundo... libertad máxima... descontrol absoluto de los tiempos y tareas...
Domingo: relax...
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