septiembre 26, 2011

Rompiendo moldes de locura

La rutina mata, envejece, encega...
Ella detestaba la sincronicidad de las cosas cada dia, dia a dia, todos los dias.
Suponia que si eso era la vida, cuando ya tuvo edad para entender solita, pues no la queria.
Solia quedarse mirando, colgada de alguna imagen, por la ventana, en la calle, en el trabajo, en la gente, y deseaba ser cualquier cosa menos ella.
Podia quedarse mirando una reja en una casa vieja, y suponer como estaba diseñada la casa, que habia en cada habitacion, quien vivia alli, que sueños tenia y asi seguia...y seguia.
Podia escuchar sin oir: ver labios que se movian y no entender ni una palabra de lo que decian.
Podia tirarse en un plaza cualquiera y contarle a quien la escuchara desde el cielo, lo que ella suponia que podia contar.
No hablaba con la gente.
No le gustaba la gente.
Sobretodo desde que vivia en aquella atestada ciudad donde no habia humanidad.
Habia sido criada con mas amor del que debia recibir.
Le habian enseñado a abrir los ojos y el corazon, pero no le habian enseñado a cerrarlos.
Queria huir, pero amaba tanto tanto la paz que encontraba consigo misma, que temia perderla si emprendia el viaje.
Se volvio un fantasma.
Apenas se la veia por los dias caminando.
Quien la conocia la respetaba, o la ignoraba, y ella casi siempre elegia la segunda.
Sabia que la vida era una encrucijada, se habia bajado del tren hacia un tiempo, y estaba esperando, pacientemente, que pasara otro.
Ella sabia muy bien que de ese tren no tenia ningun dato, asi que no se preocupaba de las maletas.
Pero tenia una certeza,  y apostaba a ella a escondidas.
Sabia que habia momentos que eran unicos, y que existian sentimientos que no valia la pena esconder, por eso... cuando nadie lo esperaba, ella estallaba en una carcajada y todos la acompañaban. Tampoco sabia si era por respeto o por ignorancia, pero igual reian.
Ella podia alegrarte el dia con una sonrisa, regalarte una broma picara en el momento menos esperado, jugarte una trampa inocente en el dia mas frustado, y hablarte tan poco que te quedabas extrañandola.
Ella era indiferente al mundo, tenia un mundo gigante en su cabeza, donde podias entrar si te despojabas de todo perjuicio, donde podias sacar la sortija si no lo esperabas, y donde podias jugar a ser feliz como si nada importara.
Ella solo sabia dar amor.
Ella solo queria amor.
Y es por eso que ella, la loquilla, no hablaba.

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